sábado, dezembro 25, 2004

FELIZ NAVIDAD (¿POR QUÉ ME GUSTA SER PAÚL?)


Sensación agridulce el día de ayer. Nochebuena fuera de casa. La familia, los amigos, la típica cena, hasta la Misa del Gallo serían distintas este año. 450 Km. lejos de casa. La verdad es que el día no prometía demasiado. Era Nochebuena, sí. Pero, ¿realmente sería tan buena como indica su nombre? A la hora de la comida, tristeza. Intento echarme una siesta, pero la nostalgia me lo impide. Lo peor es que dentro de media hora tenemos que ir a celebrar la Misa de Navidad con los presos de la cárcel de Teruel y tengo que poner buena cara. Le pido al Señor que me ayude.
De repente me viene el recuerdo de mi sobrino, una de mis alegrías. Como si el Padre me hubiese escuchado, un cambio de ánimo sorprendente me llena. Ahora sí que tengo fuerza para afrontar la tarde de hoy.
Vamos a casa de las Hijas de la Caridad, con quienes íbamos a ir a la prisión. Llegamos en coche y por fin entramos a la cárcel. ¡Qué sensación tan rara! Intenté quedarme con todos los detalles, observar el lugar, la gente, funcionarios, presos. Nos damos un momento la vuelta y… ¡ahí está el obispo! Él iba a presidir la eucaristía. En todo momento se muestra cercano a los reclusos. Ellos no ven en D. José Manuel a alguien distante, sino a una persona que se interesa por ellos, que no los juzga, que, en definitiva, los trata como lo que son, gente, cosa poco usual para ellos. Cantamos villancicos en la Misa, que fue muy alegre y participada. Se ve el gran corazón de esa gente que, probablemente por desconocimiento, por ignorancia o por necesidad, cometieron algún grave error en su vida. Ahora están pagando por él, pero en ellos también se nota la Navidad. Hablo con alguno de ellos al terminar. Son de mi tierra. Me encanta su acento: ¡Me recuerda tanto a casa! Mientras tanto, mi tristeza matutina se transforma en alegría y vergüenza. Alegría porque estamos en Navidad. Vergüenza porque yo en Navidad voy a estar en casa, y ellos no. Yo tengo suerte y voy a estar unos días con mi familia y ellos no. Salgo de la prisión renovado y con ganas de volver a ver a esa gente que en todo momento se ha comportado como tal, y no como los monstruos que creemos que son.
El siguiente punto del viaje es el comedor de transeúntes que tienen las Hijas de la Caridad en casa. Van a cenar en estas fechas tan señaladas en casa extraña, por mucho cariño que transmitan las hermanas. Me llaman la atención cuatro personas. Tres de ellos son polacos y están tristes. Uno a punto de llorar. El mayor de ellos lleva siete años en España y sin ver a su familia. Para los otros es su primer año fuera. Han dejado mujer e hijos por buscar una situación mejor para todos. Me vuelvo a morir de vergüenza por haber estado mal esta tarde. Yo no estoy en un país extraño. Estoy viviendo en una casa y esta noche tendré una cena de categoría. Podré ir a la Misa del Gallo y vivirlo con mi gente. A ellos les toca estar sin su familia, en tierra extraña, con un idioma que no es el suyo y que aún no dominan, durmiendo en un albergue, sin poder ir siquiera ir a Misa por no dormir en la calle, a pesar de las ganas que tienen. Es una época dura para ellos. Cuesta transmitirles alegría en estos momentos. Me hago el firme propósito de ir a verlos cada vez que pueda, tanto en el comedor, como en las reuniones de inmigrantes. El cuarto individuo que me llama la atención es un chico de Cádiz. Da gusto ver como, a pesar de la distancia está alegre, o por lo menos lo aparenta. Canta un poco y se lo dedica a toda la gente que no está con su familia. Es de los mejores gestos que he visto hoy.
Mi Nochebuena triste se ha convertido en la mejor de mi vida. Ya sé por qué quiero ser paúl. Quiero estar cerca de todas esas personas, vivir su problemática y ser su familia. Muchas gracias al Señor Vicente por darnos ese ejemplo digno sólo de un santo. Feliz Navidad a todos.


ASS: Nacho.

2 comentários:

seminaristas disse...

As experiências «natalícias» pelas quais o Nacho passou também as vivi eu... é realmente muito intenso viver a Encarnação do Verbo encontrando-o na pessoa de todos aqueles com os quais quisemos viver ontem o Natal...
Foi muito intenso e, como diz o Nacho, assim sentimo-nos mais no caminho de São Vicente de Paulo...

Ass: Nuno Miguel Lopes

Anónimo disse...

¡Pues claro que merece la pena ser paúl! ¡Y nos lo recuerdan cada día los acentos de los pobres y la presencia de Cristo! ¡Feliz Navidad!